EL COSTO SOCIAL DE LA AUSENCIA PATERNA

En Estados Unidos, 70% de los delincuentes juveniles, 70% de los homicidas menores de 20 años y 70% de los individuos arrestados por violación y otras ofensas sexuales graves crecieron sin un padre. En la comunidad negra, en la que la figura paterna ha virtualmente desaparecido, uno de tres menores de 25 años está preso o en libertad condicional. Un padre ausente es el mejor predictor de criminalidad en el hijo varón (Gottfredson & Hischi, 1990; Smith & Jarjoura, 1988; Kamarck & Galston, 1990). En los últimos 20 años, el número de arrestos anuales por crímenes violentos cometidos por menores de 20 años pasó de 16.000 a 100.000, en un período en que el número de jóvenes en la población se mantuvo relativamente estable. Episodios de violencia juvenil en los que intervienen armas de fuego aparecen con frecuencia creciente en las escuelas públicas norteamericanas. El National Center for Educational Statistics (Washington D.C., U.S. Department of Education) indica que en el año escolar 1996-1997 se registraron en escuelas 11.000 episodios de violencia en los que fueron usadas armas de fuego. En el 10% de las escuelas públicas norteamericanas hubo hechos de violencia con armas de fuego (robos, homicidios y/o suicidios).

La conexión entre ausencia del padre y delincuencia surge de numerosos trabajos de investigación (Adams, Milner & Schrepf, 1984; Anderson, 1968, Chilton & Markle, 1972; Monahan, 1972; Mosher, 1969; Robins & Hill, 1966; Stevenson & Black, 1988; Wilson & Herrnstein, 1985; Bohman, 1971; Kellam, Ensminger & Turner, 1977). Dos economistas de la Universidad de California, Llad Phillips y William Comanor, basándose en un seguimiento de más de 15.000 adolescentes que realiza anualmente el Center for Human Resources (Ohio State University), encuentran una fuerte asociación estadística entre ausencia de padre y delincuencia juvenil/violencia: el riesgo de actividad criminal en la adolescencia se duplica para varones criados sin figura paterna. Un punto interesante de este estudio, es que el impacto de una madre ausente respecto de la variable criminalidad es casi nulo, lo que confirma la especificidad da la figura paterna repecto de la conducta transgresora. Dos antropólogos, M. West y M. Konner también detectaron una relación entre ausencia del padre y violencia, al estudiar el funcionamiento de una serie de culturas diferentes. Las culturas con mayor involucración del padre en la crianza de los hijos son las menos violentas ( West & Konner, 1976)

Algunos trabajos de investigación sugieren que la función paterna tiene un rol crítico en instaurar la capacidad de controlar impulsos en general, y el impulso agresivo en particular, es decir la capacidad de autoregularse (Mischel,1961a; Mischel,1961b; Biller,1974; Biller,1976; Biller,1982; Biller,1993; Biller,1994; Biller & Trotter,1994; Haapasalo & Tremblay, 1994; Patterson & DeBaryshe,1989; Phares & Compas,1992; Herzog,1982; Snarey,1993; Lisak,1991; Lisak & Roth,1990) Esta relación entre función paterna y control de impulso tiene posiblemente un rol importante en las adicciones (Stern, Northman & Van Slyk, 1984) De hecho, 50% de los toxicómanos en Francia y en Italia provienen de familias monoparentales (Olivier, 1994)

La capacidad de controlar impulsos es necesaria para que una persona pueda funcionar dentro de la ley. Es imprescindible tener incorporada la capacidad de postergar en el tiempo la gratificación, de resistir el impulso a actuar para gratificarse en un momento determinado. Es un componente crítico de la conducta responsable del individuo en sociedad, pero no el único: es también necesaria la capacidad de registrar y tener en cuenta los sentimientos de otras personas, es decir tener capacidad de empatía. Un trabajo de investigación basado en un seguimiento de niños y jóvenes durante 26 años reveló que el mejor predictor de empatía en el adulto es haber tenido un padre involucrado. Es decir, mas que cualquier variable asociada a la conducta de la madre, la empatía, que dá la posibilidad de tener un buen registro del sufrimiento del otro, y así inhibir la agresión, es nuevamente un tema de función paterna (Koestner, Franz & Weinberger, 1990) Otros estudios confirman esta conexión entre función paterna y empatía (Sagi, 1982; Biller, 1993; Biller & Trotter, 1994)

Mas allá del efecto que pueda tener sobre el niño la falta de una figura paterna, la presencia o ausencia relativa de figuras paternas en una comunidad, lo que podríamos llamar red paterna, parece estar fuertemente correlacionada con la tasa de criminalidad. La tasa de homicidios y crímenes violentos cometidos por menores de 20 años es más alta en comunidades con una proporción mayor de familias sin padre, controlando estadísticamente el peso de otras variables como nivel socioeconómico, raza o densidad y tamaño de la ciudad (Sampson, 1992) Si se toma por ejemplo la tasa de nacimientos de madre soltera en cada uno de los 50 estados norteamericanos, y la tasa de crímen violento en ese estado (de acuerdo a datos del F.B.I.), la asociación estadística entre estas dos variables, es decir su correlación, es 0.825 (p<0.01). A mayor tasa de nacimientos de madre soltera, mayor tasa de criminalidad, con un coeficiente de correlación sorprendentemente alto (como referencia, la correlación entre tasa de criminalidad y tasa de desempleo es 0.187). Si se toma la tasa de nacimientos de madre soltera y la tasa de homicidios por estado, la correlación es nuevamente alta: 0.8565 (p<0.01). Mas aún, si se toma la tasa de nacimientos de madre soltera y la tasa de homicidios por país, utilizando datos de las Naciones Unidas para 45 países, la correlación es 0.889 (p<0.01) (Mackey, 1996).

La asociación estadística entre ausencia del padre y delincuencia es más fuerte que la que vincula a fumar y cáncer de pulmón/ enfermedades cardiovasculares.

Extracto de: Crecer sin padre: cambios y tendencias en la estructura de la familia norteamericana por Ricardo Chouhny